Las lágrimas de Eva no paran de brotar, y ningún pensamiento llega a mi cabeza. Eva siempre ha sido Eva, la mujer que me criticó todos los días de mi infancia y adolescencia, esa que esperaba que mi vida fuese un gran fracaso, y ha esperado el momento ideal para derribarme.
Es lo que tiene que estar haciendo ahora. Es imposible, imposible, que Caleb y yo seamos hermanos. La sola idea me tiene congelada y paralizada.
—¿Cómo sé que no me estás mintiendo? — logro decir.
Ella me acerca la caja de z