La noche cayó sobre la ciudad con una densidad casi líquida, como si cada sombra fuese un presagio y cada esquina ocultara un par de ojos observando. Serena lo sintió antes de verlo: ese tipo de electricidad dolorosa que recorre la columna vertebral cuando algo en el mundo se rompe, cuando el destino mete la mano y revuelve lo que debería permanecer quieto.
Luca conducía con una tensión evidente en la mandíbula, los nudillos blancos alrededor del volante. No había dicho nada en los últimos diez