La tormenta comenzó al amanecer.
No violenta.
Pero constante.
El cielo gris cubría el mar como una promesa suspendida.
Serena se despertó con una presión distinta.
No dolor inmediato.
Sino profundidad.
Se incorporó lentamente.
Dante abrió los ojos en el mismo instante.
No porque oyera algo.
Porque lo sintió.
—Es hoy —dijo ella, sin dramatismo.
Él no preguntó cómo lo sabía.
Solo asintió.
⸻
No fueron a hospital.
No podían arriesgar registros.
No podían activar sistemas.
Habían preparado todo mese