Años después, cuando el mar siguió golpeando la orilla con la misma paciencia antigua y el mundo creyó haber aprendido a convivir con sus propios límites, nadie notó el instante exacto en que el equilibrio volvió a tensarse; fue apenas un susurro en la red, una conversación entre gobiernos que hablaban de “optimización necesaria”, un grupo de mentes brillantes convencidas de que podían mejorar lo que ya había sido restringido, una generación que no recordaba el peligro del control absoluto porq