El complejo no explotó.
No colapsó en llamas.
Eso habría sido simple.
En cambio, comenzó a apagarse.
Servidor por servidor.
Nodo por nodo.
Orden ejecutiva por orden ejecutiva.
Como un animal enorme que, de pronto, entiende que ya no tiene dueño.
Dante caminó fuera del núcleo sin mirar atrás.
No por indiferencia.
Sino porque sabía que lo que había ocurrido dentro ya no podía revertirse.
Serena iba a su lado.
El aire del corredor era más cálido ahora.
Más real.
—¿Está terminado? —preguntó ella en