La lluvia caía sobre la fortaleza como una sinfonía lúgubre, empapando las torres de piedra y los muros cubiertos de musgo. La noche estaba envuelta en una tensión que cortaba el aire. Después del ataque frustrado contra Lorenzo, la calma era apenas un espejismo: algo mucho más oscuro se movía en las sombras.
En el centro del patio, un convoy blindado avanzaba lentamente, escoltado por los hombres de la Roja. Las luces rojas de los vehículos se reflejaban sobre el pavimento húmedo como brasas e