El lujoso despacho de Salvatore era una prisión de oro. Los muebles de caoba pulida y la vista panorámica de la ciudad no lograban disimular la atmósfera opresiva que reinaba en el lugar. Han pasado días desde la traición y la supuesta muerte de Dante, pero la victoria de Salvatore no sabía a nada. Su hermano no estaba muerto, lo sabía. No había un cuerpo, no había un funeral, solo un silencio ominoso que lo atormentaba.
Salvatore estaba sentado en su escritorio, con un vaso de whisky en la m