La tarde parecía suspendida en un silencio antinatural cuando Dante cerró la puerta del despacho con un golpe seco. La tensión acumulada durante los últimos días lo estaba desgastando más de lo que admitía, pero no podía permitirse flaquear. No cuando Serena, Mikhail, Iván y todo su círculo estaban en la línea más delgada que habían enfrentado hasta ahora.
El eco del portazo todavía vibraba en los pasillos cuando el Alfa exhaló profundamente, hundiendo los dedos en su cabello. La operación de l