El motor de la moto todoterreno rugió con un ronroneo bajo mientras Serena salía de la caravana. Vestida con el traje negro y ajustado que había sacado del compartimiento secreto, parecía una sombra furtiva bajo la pálida luz de la luna. El casco con visera oscura ocultaba su rostro, convirtiéndola en una figura anónima de pura voluntad. Antes de irse, echó una última mirada a la caravana, sabiendo que Dante, el Zhar herido, la observaba desde dentro, depositando toda su fe en ella.
La primera