—Lo del disco en la casa... lo digo en serio. —Dijo después de unos segundos Dylan.
—Yo también —respondió Nina.
Dylan abrió la puerta. Salió sin apuro, pero sin volver a mirar. Nina se quedó sentada, con la guitarra a un lado y el eco de la promesa flotando en el aire. No entendía del todo por qué se había ido, pero algo en su gesto, en su silencio, le dejó claro que no era por ella. Y eso, aunque no lo dijera, también la dejó pensando.
La puerta se cerró detrás de él con ese sonido suave qu