Fue en tercero cuando todo empezó a cambiar.
Ya no era solo tocar por tocar. Ya no bastaba con improvisar en el parque con la guitarra medio desafinada y las letras escritas en servilletas. Había algo que se estaba gestando, como una semilla que empujaba desde adentro.
—¿Y si lo hacemos en serio? —preguntó Julián una tarde, mientras Dylan afinaba su guitarra con la lengua afuera, concentrado como si estuviera desactivando una bomba.
—¿Hacer qué?
—Una banda. De verdad. Con nombre, canciones, pre