El día empezó como cualquier otro. Dylan se despertó con el celular vibrando sobre la mesa de noche, una alarma que había olvidado programar. Se quedó unos minutos mirando el techo, sin pensar en nada específico. Solo dejando que el cuerpo se activara por sí solo.
Desayunó café y tostadas, revisó correos, respondió dos mensajes de Dayana sobre una entrevista pendiente y confirmó una reunión con el equipo de producción para el viernes. Nada fuera de lo común. Nada que lo sacara del eje.
A media