El camerino era una mezcla de aromas: maquillaje, tela vieja, café tibio y un incienso que alguien había encendido sin preguntar. En una esquina, una planta artificial que nadie regaba seguía fingiendo vida. En otra, un perchero con chaquetas que Nina no pensaba usar. La luz del espejo era cálida, pero no suficiente para esconder el cansancio que se le dibujaba en los ojos.
Tercer día de gira.
Tercer escenario distinto.
Tercera noche sin respuesta.
Nina estaba sentada frente al espejo, con el