El primer ensayo con todos juntos no fue perfecto.
Fue mágico.
La casa de Dylan tenía un garaje que apenas servía para guardar instrumentos prestados, cables enredados y una alfombra que olía a humedad. Pero ahí, entre paredes descascaradas y posters mal pegados, nació algo que no se podía explicar.
Julián estaba sentado en el rincón, con la hoja de la canción entre las manos. No hablaba mucho. Solo observaba.
Kai llegó primero. Con su batería desmontada en una mochila gigante y una expresión