Verdad a medias

Tan pronto Adriano salió de la biblioteca, Eduardo empezó a caminar de lado, a lado totalmente nervioso, incluso desesperado.

N—No… no, no, no… —murmuró Eduardo apenas Adriano salió de la biblioteca—. Mi padre no pudo haberle dicho la verdad a ese maldito bastardo…

Gael frunció el ceño inmediatamente.

—¿De qué demonios estás hablando?

Eduardo comenzó a caminar de un lado a otro, llevándose las manos a la cabeza, una y otra vez.

—No… esto no puede estar pasando.

—¡Padre! —Gael avanzó hacia él—.
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