Media hora después.
Las camionetas se detuvieron frente a la antigua mansión Vercelli.
Los guardias de la entrada se pusieron tensos inmediatamente.
Uno de ellos tomó aire.
—Señor...
Pero no alcanzó a terminar. Porque Adriano ya había bajado del vehículo.
Acomodó los puños de su camisa. Levantó la vista hacia la enorme mansión.
Y sonrió.
—Hace mucho tiempo que quería hacer esto.
Luca se colocó a su lado.
—¿Entramos?
—Claro.
Comenzó a caminar.
Los hombres armados lo siguieron inmediatamente.
Los