El hombre respiraba agitado.
Cada jadeo salía entrecortado, desesperado, mientras las lágrimas se mezclaban con el sudor que caía por todo su rostro. Sus manos temblaban violentamente, ensangrentadas, mutiladas, destrozadas después de que Adriano le arrancara uña por uña sin mostrar el más mínimo remordimiento.
La bodega estaba en completo silencio.
Solo se escuchaba el leve sonido metálico de Adriano limpiando cuidadosamente las herramientas con un paño oscuro.
Tranquilo.Como si no acabara de