Luca sujetó a Isabella con firmeza del brazo, casi clavando sus dedos en su piel, mientras la obligaba a subir las escaleras tan rápido que no le daba tiempo ni para pensar.—¡Suéltame! —espetó ella, tropezando en un escalón—. ¡Me estás lastimando!Pero Luca no respondió, ni siquiera la miró. Su expresión era dura, impenetrable, su única misión era llevarla de nuevo a la suite, hasta que el señor Adriano Vercelli diera la orden de que hacer con ella.—Camina —ordenó con frialdad.Isabella apretó los dientes, intentando soltarse, pero era inútil. Su fuerza no era suficiente, no contra alguien como él.El vestido de novia se enredaba en sus piernas, dificultándole el paso, haciéndola tropezar una y otra vez mientras subían, su respiración era irregular, su corazón latía con violencia.Y su mente… Seguía atrapada en la misma imagen, Adriano en el suelo, la sangré saliendo de su cabeza, y la lámpara en sus manos.—No… —susurró para sí misma—. No, no…—Cállate —murmuró Luca sin detenerse.
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