Adriano llegó a la mansión acompañado por Luca y por supuesto, sus hombres. Después de un día largo y agotador, subió las escaleras sin decir una sola palabra. Sus pasos eran firmes, se detuvo justo al frente de la habitación.
Abrió la puerta y entró.
Su mirada recorrió toda la habitación hasta detenerse en Isabella. Y para su sorpresa otra vez.
Otra vez estaba dormida en el sofá, abrazada a uno de los cojines, con parte de sus piernas al descubierto.
Adriano soltó un suspiro.
—Joder... qué mu