Adriano empujó la puerta de la biblioteca con total calma.
El sonido de la madera hizo que todos levantaran la mirada de inmediato.
El hombre sentado junto a Eduardo se puso de pie tan rápido que casi tira la copa que sostenía. Sus manos temblaron apenas al acomodarse la corbata.
Adriano sonrió apenas.
—Vaya, hay reunión y nadie me había dicho nada, que falta de tacto, no lo crees Gael.
Gael apretó la mandíbula apenas lo vio entrar. La rabia cruzó por completo su rostro.
—¿Qué demonios haces aq