Adriano descendió las escaleras de los sótanos acompañado por Luca, el eco de sus pasos resonó por todo el lugar mientras varios hombres armados permanecían vigilando los pasillos.
—¿Todo listo? —preguntó Adriano sin detenerse.
—Sí, señor —respondió Luca.
Llegaron hasta una pesada puerta metálica. Uno de los hombres la abrió de inmediato.
Adriano entró primero, después Luca.
En el centro de la celda, una bañera de metal contenía agua turbia y, dentro de ella, el hermano Negrete colgaba de sus m