Al salir del consultorio, Mery se lanzó sobre Natalia y la abrazó con tanta fuerza que casi la deja sin aire. Sus ojos brillaban de emoción, y la sonrisa le iluminaba todo el rostro.
—¡Naty, qué alegría! —exclamó, apretándola más—. No puedo creerlo… ¡me vas a hacer tía! Ahora sí que tu felicidad va a estar completa: Rosa bien cuidada, tú casada con ese semental italiano, y ahora… este bebé.
Natalia forzó una sonrisa mientras su amiga saltaba de dicha. No había tenido valor de contarle la verdad