Julieta
De espaldas a Venedikt, con las piernas abiertas y el torso en un ángulo de noventa grados, sostenido apenas por mis brazos temblorosos sobre la cama, la anticipación crece hasta alturas increíbles. Estoy vulnerable como nunca. Es como estar en la cima de una montaña rusa o al borde de una cascada, esperando la caída repentina y llena de adrenalina.
Me muerdo el labio inferior con tanta fuerza que pruebo el sabor metálico del cobre, y cierro los ojos justo cuando la calidez de los muslo