El aire dentro del hangar subterráneo se congeló con la fuerza de un impacto ártico. En la pantalla principal del Mavros IV, la transmisión en alta definición del búnker del ala norte cortaba la penumbra violeta con una nitidez sádica. Katarina Vatatzes. Mi madre. La mujer por cuya memoria había desafiado al Consejo General en la Costa Azul, la misma que creíamos enterrada en las fosas olvidadas de Sicilia, permanecía de pie junto a la cuna de mi hija. Vestía un abrigo largo de seda blanca inma