El olor a pergamino quemado y a azufre de alta tecnología se disipó bajo la llovizna implacable de la base naval de Clyde, dejando un rastro de ceniza negra flotando sobre los charcos de agua helada del dique seco. Frente a nosotros, los doce Patriarcas del Consejo General contemplaban sus manos vacías con la fijeza horrorizada de los monarcas que descubren que sus coronas se han derretido antes de que el verdugo levante el hacha. Las copias del Tratado de Cannes eran ahora costras de carbón fl