El eco del fuego en el valle de Susa se extinguió en las pantallas de la consola central con un parpadeo verde oliva, dejando a la biblioteca de Kythira sumida en una penumbra mística que solo interrumpía el parpadeo violeta de los servidores de Byzantium. La última corona de los Saboya se había derretido en la cripta medieval de la abadía piamontesa, y con ella, el último registro analógico que vinculaba mi sangre con las deudas coloniales de Odesa. No quedaban duques, ni notarios ciegos, ni h