El repique de las campanas de la abadía fortificada de Susa llegó distorsionado por el intercomunicador de la consola central, un lamento metálico y moribundo que cruzó los valles del Piamonte hasta desvanecerse en la biblioteca de Kythira. A través de la pantalla táctica, las imágenes de espectro térmico transmitidas por los drones de la Legión mostraban el perímetro del templo rodeado por una red de calor estático: los hombres de Spiros habían sellado cada salida de piedra medieval con la pre