El silencio del mar Jónico se rompió no con el estruendo de los fusiles de la Legión, sino con el pitido agudo y persistente de la terminal de transmisiones satelitales que descansaba en el rincón más oscuro de la biblioteca. Eran las tres de la madrugada en Kythira. Tras la caída definitiva de los Saboya en los valles del Piamonte y la purga del registro de Staten Island, la isla se había sumergido en una calma que se sentía casi antinatural, una Pax Kyriakos edificada sobre los cimientos de d