El crepúsculo sobre el mar Jónico no era un anuncio de descanso; era una herida abierta en el cielo, una línea de sangre y fuego que cortaba el horizonte de Kythira con la misma precisión con la que mis códigos habían desangrado las cuentas secretas del Vaticano. La brisa marina, ahora fresca y cargada de sal, arrastraba los últimos restos del humo industrial de la cala este. La fortaleza de mármol blanco se alzaba majestuosa sobre los acantilados, limpia de los casquillos de bala de los Morett