38. UN RESPIRO
[FRANCESCO]
Son casi las once de la noche cuando cierro la puerta del hotel. El pasillo está en silencio, pero mi pulso golpea con fuerza, como si fuera a delatarme. Bajo por las escaleras sin mirar atrás, con las manos sudadas dentro de los bolsillos y la mente corriendo más rápido que cualquier monoplaza.
El mensaje sigue brillando en la pantalla de mi celular:
“Estoy abajo. Esperando.”
Y ahí está.
Sofía.
Escondida detrás del volante de un auto alquilado, con una gorra que le tapa el rostro y