39. INCENDIO LENTO
[FRANCESCO]
La manta aún está caliente. El aire, húmedo y suave, nos envuelve mientras la ciudad parpadea a lo lejos. Sofía está recostada sobre mi pecho, y mis dedos recorren su espalda lentamente, como si dibujaran un mapa invisible que sólo yo conozco.
No quiero hablar. No quiero romper el momento. Pero hay algo que no puedo callarme más. Algo que se viene gestando en mi garganta desde hace meses, tal vez años.
—Sofi… —susurro.
—¿Mmm? —responde sin abrir los ojos.
—¿Cuándo creés que nació es