SAWYER
Sin pensármelo dos veces, cargué a Lucy por la parte trasera de sus muslos y la llevé directo a nuestra habitación.
Atrapé los suaves y carnosos labios de ella con los míos.
Al notar su lengua contra la mía, suspiré. Ella abrió mucho los ojos ante la sorpresa, pero un segundo después los cerró e inclinó la cabeza, lo cual me permitió apretarla contra mí incluso más y pasar la lengua contra la suya.
Estuve a punto de gemir.
Qué sentimiento tan insólito, experimentar algo con lo que h