Aunque aún sentía el nerviosismo por el encuentro con la mujer alta, Asteria no podía ignorar cómo Lysandra la había protegido. Cada gesto de la detective, cada palabra que había pronunciado con firmeza, seguía resonando en su mente como un eco persistente.
Había algo en la manera en que Lysandra se había interpuesto entre ella y la mujer, algo que no podía explicarse únicamente como profesionalismo. La intensidad de su mirada y el tono cortante de su voz habían hablado de algo más profundo,