El ambiente dentro del bar se tornó aún más pesado.
La anciana apretó los labios, su mirada permaneció firme, pero había algo en su postura que indicaba que no estaba dispuesta a ceder fácilmente.
—Eris no está disponible en este momento —dijo con una calma medida, sin apartar la vista de Lysandra y Asteria—. Vengan en otro momento.
El silencio fue inmediato.
Lysandra sostuvo la mirada de la mujer, su expresión inmutable, pero sus ojos reflejaban una determinación que no admitía obs