El ladrido del cachorro aún resonaba en la habitación, pero el momento había cambiado.
Asteria respiró profundamente, permitiendo que el aire nocturno se asentara en su pecho, disipando lentamente el calor que aún sentía en la piel.
Lysandra, quien había permanecido tranquila observándola, soltó una leve sonrisa antes de finalmente enderezarse y sacudir la cabeza con ligera diversión.
—Vamos a dormir linda.
Su tono fue suave, pero no dejó espacio para discusión.
Asteria asintió,