El viaje hacia la ciudad se sintió interminable.
Las luces del camino parpadeaban contra el vidrio del auto, los faroles proyectando sombras irregulares en el asfalto mientras Asteria y Lysandra avanzaban sin apartar la vista del horizonte.
El aire dentro del vehículo no era silencioso, pero tampoco estaba lleno de palabras innecesarias.
Solo había un entendimiento mutuo.
Un acuerdo tácito de que lo que estaba por suceder no requería conversaciones vacías ni distracciones.
Asteri