Alexis se levantó de su silla con lentitud, como si el peso de su desprecio fuera lo único que lo mantenía en pie. Clavó su mirada en ella con arrogancia, y una sonrisa cruel se dibujó en sus labios.
—¿Y qué? —dijo, con voz cortante—. ¿Acaso crees que tienes derecho a reclamarme algo?
Sienna lo miró, incapaz de contener las lágrimas que corrían silenciosas por sus mejillas.
—¡Yo nunca te engañé! —gritó, con la voz quebrada—. ¿Y con ella? ¿Con mi hermana? ¿Esto es tu venganza? ¿Quieres destruirme