Días después.
El cielo estaba gris aquel día. Parecía que hasta las nubes lloraban. Fernanda se sentó en la primera fila del juzgado, con las manos frías y los ojos enrojecidos de tanto contener el llanto. Su hermana estaba frente a ella, esposada, vestida con el uniforme beige de los reos. Se miraron por un instante… ese instante que separa el amor de la decepción.
La sala olía a polvo, a papeles viejos y a tristeza.
El juez leyó la sentencia:
—Diez años de prisión por intento de homicidio agr