Alexis la levantó del suelo con brutalidad. Su fuerza contrastaba con la fragilidad de su cuerpo. Apretó sus mejillas con una mano temblorosa de rabia contenida. Acercó su rostro al de ella, tan cerca que podía sentir el temblor de sus labios, el aroma de su miedo… y aun así, deseó besarla. Su deseo era fuego, pero su odio era hielo.
—Bien —susurró con una voz grave que rozaba la crueldad—. Entonces harás lo que yo diga. Solo así podrás ver a tu hija. Pero si llegas a fallarme una sola vez, si t