Fernanda golpeó la ventana con todas sus fuerzas, sintiendo que el aire le faltaba, que cada respiración era un esfuerzo titánico.
El vidrio tembló bajo sus manos, y por un instante pensó que no podría lograrlo, que el peso del miedo y del fuego la aplastaría.
Pero algo más fuerte que el pánico surgió en ella: la necesidad de sobrevivir.
Con un grito ahogado, su cuerpo se impulsó hacia afuera. Sintió un dolor agudo cuando la piel de su costado raspó el borde de la ventana, pero no le importó.
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