Marcos inspiró profundo.
El olor del hospital —cloro, desinfectante, medicinas— lo hizo retroceder mentalmente a un tiempo que había intentado olvidar.
Las imágenes de Adrián, pálido y débil, se mezclaron con los recuerdos del dolor en su propio abdomen después de la operación.
Fernando le puso una mano en la espalda, firme, como un ancla.
—Respira —dijo con voz baja.
—Estoy bien —mintió Marcos.
Camilo se adelantó, ajustándose la chaqueta.
—Vamos. Entre más tardemos, más riesgo hay de que ese m