El sol de la mañana iluminaba suavemente la mansión D’Alessio. Todo parecía en calma, con la brisa acariciando las cortinas y el canto de los pájaros llenando el aire de serenidad. Isabella y Marcos estaban en la sala principal, sentados juntos, con los tres bebés descansando plácidamente en sus cunas. Los primeros días después del regreso de la luna de miel habían sido llenos de felicidad, pero también de adaptación.
—Marcos —dijo Isabella, recostando la cabeza en el hombro de su esposo—. ¿Te