nahia
Ya no sé cuántas horas han pasado, el tiempo se ha diluido en el ruido sordo de los motores, en el silencio asfixiante que se instaló entre nosotros, en esta jaula de cuero y metal suspendida sobre las nubes. Terminé quedándome a ratos, con el cuerpo agotado por la tensión, pero cada vez que abría los ojos, él estaba allí, implacable, tranquilamente instalado, como un rey en su trono, una bebida en la mano, sus ojos claros posados en mí sin dejarme respirar jamás.
La ira no ha disminui