NAHIA
El aire se ha vuelto tan denso que siento que pesa sobre mi piel, la habitación palpita con un calor sordo, como si las paredes mismas contuvieran la respiración. Están ahí, muy cerca, sus presencias gemelas, sus miradas que me envuelven, una de sombra y gravedad, la otra de brillo y fuego. Apenas me tocan y, sin embargo, siento sus huellas por todas partes, en mis brazos, en mi nuca, hasta en mi vientre donde se eleva una fiebre que no reconozco.
Sombra se ha acercado sin ruido, su mano