NAHIA
El silencio se espesa en la habitación como una niebla espesa y pegajosa, cada segundo que pasa resuena en mis sienes como el redoble de un tambor ahogado, mi garganta está seca, mi respiración se entrecorta, mis dedos siguen agarrando la sábana contra mi pecho como si esta tela ridícula pudiera protegerme de lo que veo, de lo que me niego a comprender. Dos rostros, dos voces, el mismo nombre que se parte ante mí como una enorme fractura en la realidad, y todo lo que creía conocer se derr