Nahia
Me quedo paralizada, mis dedos crispados en el reposabrazos, mi respiración corta e irregular, incapaz de creer lo que acaba de decir. Cada palabra resuena en mi cabeza como un hacha. Debo bajar. Debo regresar. Mi madre me espera. Mi contrato ha terminado. Todo lo que conozco, todo lo que me conecta con la realidad, está afuera, allí, a unos pasos. Y él... él decide que no, que no me iré.
— ¡No! grité, mis manos batiendo el aire como para rechazar lo inaceptable, ¡me niego! No puedo... ¡n