NAHIA
La luz es pálida y grisácea como un amanecer que duda en levantarse, filtrándose a través de las cortinas gruesas, y primero siento el frío en mi piel antes de sentir el vacío a mi lado, ese vacío que pulsa como un eco del cuerpo ausente. Entonces abro los ojos lentamente, y de inmediato algo no está bien; hay dos siluetas de pie a unos pasos de la cama, dos siluetas que se mantienen casi perfectamente inmóviles, y durante un segundo creo que mis ojos me traicionan, que el sueño aún está