nahia
Permanezco congelado en lo alto de la pasarela, con los dedos apretados sobre el brazo que me impone, la mirada atrapada por este escenario irreal, este teatro de poder que ha preparado para su regreso y yo, espectador cautivo, entregado a esta puesta en escena de la que no entiendo ni los códigos ni el desenlace.
El viento de la noche corre por mi cabello, levanta los faldones de mi chaqueta, acaricia mi piel como un mordisco helado y siento que ya me susurra la verdad: no soy bienvenid