Nahia
Ni siquiera conozco su nombre.
La puerta se cierra con un golpe sordo, casi educado, un suspiro discreto como una caricia que se desvanece, un adiós que no dice su nombre, y sin embargo lo sé, lo siento en cada pliegue de mi piel tensa, en el silencio de repente demasiado vasto, en este aliento que se detiene en mi garganta, se ha ido, realmente se ha ido, y me ha dejado aquí, encerrada, sola, en este lugar sin referencias, sin ventana, sin cielo, sin hora, en esta jaula inmaculada que me