Tragué saliva, pero no supe si mi temor era por la forma en la que pudieran “deshacerse” de mí o pensar en el hecho que Cipriano la escogiera por encima de mí.
Tal vez mi corazón no debería latir a esa velocidad inhumana en espera de sus palabras, pero no lo podía evitar.
Los ojos de Cipriano se clavaron en los míos y no supe lo que pensaba. No sabía lo que decidiría y temía de su respuesta. Porque yo tenía todas las de perder y él lo sabía.
—No me desharé de ella —Sus ojos se clavaron en l